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Miró para arriba y calculó más o menos cinco palomas por rama. Ciertos manchones verdiblancos manifestaban el por qué del tufo espantoso que atenazaba las narices de quien quisiera pasar cerca de ese tronco: las palomas no tienen como nosotros, el bar de la esquina, tienen el arbolito ese al que van, hacen sus sociales, y cagan. Sobre lo que sea, sin distinción de raza, credo, año de fabricación o alma, cagan. “Este no es del barrio”, pensó, cuando vio estacionar un auto demasiado nuevo justo ahí, debajo del árbol peligroso, y cruzar rápido hacia la fiambrería.
Autor: Baterflai Etiquetas: Baterflai
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