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Manejaba por Punta Ballena esperando llegar a aquel balcón de granito rojo que daba al mar, en donde hacía más de veinte años le había dicho que la quería. Las olas rompían y la espuma se cumulaba en las rocas. Le dio su primer beso allí.
Hacía mucho que no había vuelto a Punta del Este. Le sorprendió ver la cantidad de edificios nuevos.
Al llegar a la zona de la Playa de los Ingleses, no vió el balcón porque en su lugar habían construido una nueva calle costera.
El balcón ya no estaba pero ella tampoco.
Autor: Vill Gates (102)Etiquetas: Vill Gates
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3 comentarios:
mira que no es olvido...
que haya dejado nuestro libro en caja, o que tu cadena armonice el alhajero, que tus cartas estén en reciclaje, y tus discos le canten a mi amigo. No es olvido -dijo- y se empeñó en no volver atrás. Pero el aroma de café en noviembre siempre le recordaba el amor de madrugada, un sincero y concreto, que le arrebató el alma, esa que ahora perdida sabe dónde la llama, pero se niega, no le reclama, sabe está en León, tal vez, con la ropa sucia que él se llevó a casa...
Muy bueno!!!!!
Genial blog!!!
Actualicen, por favor!
Humm quizá ella nunca desaparezca, ni el balcón, hay cosas que nadie nos quitaría por mas que desaparezca el universo. Eso es lo que hay que cuidar, creo.
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